¡Pa’ dónde vas, Fulano! (u otra lectura de la décima espinela)

No me interesa entrar aquí en cuestiones históricas ni en el problema de su paternidad, normalmente atribuida al poeta y músico rondeño Vicente Espinel. Baste solo decir que, ya desde su nacimiento, la estructura de la décima espinela viene leyéndose como la unión de dos redondillas de consonantes diferentes mediante dos versos puente, según el conocido esquema: abbaaccddc. El enlace se establece de la siguiente manera: el verso 5 pertenece sintácticamente a la segunda parte de la décima (está separado del verso 4 por pausa), pero al mismo tiempo engancha dicha segunda parte a la primera, gracias a su consonancia con el cuarto verso; el verso 6, en cambio, introduce la nueva rima con que se abre la segunda redondilla. Se podría decir que, en la pareja puente, el primer verso mira hacia atrás y el segundo hacia delante. En la redondilla inicial queda expuesto el pensamiento; el puente lo conduce y abre hacia la segunda redondilla, en la que tal pensamiento se desarrolla o amplía y cierra. He aquí una décima (que él llamaba redondilla de diez versos) del propio Espinel:

Esto da fuerza a mi fe

A que su intento prosiga,

Y vuessa merced no diga,

Desta agua no bevere:

Podra ser, que lo que fue

Torne a ser como primero,

Que en vuestra clemencia espero,

Y no he de desesperar,

Que no será justo echar

La soga con el caldero.

               (en Diversas rimas, de Vicente Espinel)

 

Por tanto, dos redondillas de rimas diferentes (abba, cddc) unidas por un puente (ac). Así es, no cabe duda. Pero desde la perspectiva de quien compone o recita (es decir, del emisor); o de quien, a recepción cumplida, realiza una suerte de zoom para apreciar el conjunto de la estrofa; o aún, del receptor que sabe de antemano que lo que va a oír o leer es una décima espinela. A este último tipo de receptores pertenece el público de las sesiones de décima improvisada; lo cual, siendo ese el contexto en que suele darse hoy en día la espinela, equivale a decir que, la mayor parte de las veces, quien la escucha ya sabe muy bien en qué consiste su estructura: reconoce las redondillas, el puente, etc. (Y conoce también, por cierto, aspectos del proceso creativo ligados a tal estructura, como cuáles son los versos que representan mayor dificultad para el repentista).

En cualquier caso, reivindicando la importancia de las primeras impresiones causadas por el texto, que de alguna manera permanecen siempre vivas en las recepciones sucesivas, quiero situarme ante la décima como receptora suya novel; o, por lo menos, como receptora que no sabe de antemano qué estructura métrica se va a desplegar ante sus ojos u oídos. Porque ninguna forma poética se presenta de golpe, en bloque, sino verso tras verso; la forma métrica es en sí un discurso que, en cuanto tal, se desarrolla linealmente. Situarnos en esta perspectiva nos hace descubrir el juego de expectativas truncadas, de ruptura y de restablecimiento del equilibrio sonoro que es la décima, y que suele correr paralelo a su estructura interna, a su sentido. Tomemos una espinela (por ejemplo, de Violeta Parra) y procedamos verso a verso:

Empezamos recibiendo un octosílabo de rima a, al que le siguen dos de rima b y un cuarto de nuevo a. Este esquema rítmico, unido a la pausa sintáctica, hace que percibamos ya una pequeña unidad estrófica: una redondilla.

(a) Lo que puede el sentimiento
(b) no lo ha podido el saber,
(b) ni el más claro proceder
(a) ni el más ancho pensamiento.

El quinto verso retoma la rima inicial (a); intuimos una segunda redondilla que repita las rimas de la anterior, pero he aquí la primera pequeña sorpresa: el verso 6 llega con una rima nueva (c). Mas el 7 insiste en ella, de manera que la estructura métrica de esos versos 5, 6 y 7 (a c c…), unida a la expectativa creada por la redondilla inicial, nos hace esperar una nueva redondilla (a c c a) que restablezca la armonía (es decir, el orden).

(a) Todo lo cambia al momento
(b) cual mago condescendiente,
(b) nos aleja dulcemente
(a) –——————–[ento]

Sin embargo, aún más que antes, quedan truncadas las expectativas, porque el verso 8 se sale por la tangente,  rompiendo el esquema esperado con una nueva rima (d), y creando así un desequilibrio total que nos deja desplazados. Instantáneamente entran en acción las autoridades, mandando en avanzadilla a un psicólogo (el verso 9) que sabe jugar muy bien la carta de la empatía: adoptando la misma rima del desbandado (d), consigue engancharlo y frenar la huida. Enseguida llega un representante de las fuerzas del orden (el décimo y último verso), quien, volviendo a la rima que precede a la subversión (es decir, a c), restablece definitivamente el equilibrio de la situación, encerrando al rebelde, lo quiera o no, en una ortodoxa redondilla (vv. 7, 8, 9 y 10: c d d c).

(a) Todo lo cambia al momento
(c) cual mago condescendiente,
(c) nos aleja dulcemente

(d) de rencores y violencia. > movimiento de huida
(d) Solo el amor con su ciencia = movimiento de enganche

(c) nos vuelve tan inocentes. < movimiento de retorno

(El sangrado diferenciado, así como los espacios en blanco entre versos, son míos, y tienen la única función de reflejar gráficamente lo expuesto).

Es como si el verso 8 creara un clímax, un momento de máxima tensión, que nos preparara al broche final de los dos últimos versos, desenlace del razonamiento contenido en la estrofa. Porque ese juego de expectativas, rupturas y vuelta al equilibrio, repito, suele tener relación con el sentido.

Recompongo a continuación la hermosa décima de la Violeta:

Lo que puede el sentimiento

no lo ha podido el saber

ni el más claro proceder

ni el más ancho pensamiento.

Todo lo cambia al momento

cual mago condescendiente,

nos aleja dulcemente

de rencores y violencia.

Solo el amor con su ciencia

nos vuelve tan inocentes.

 

Escuchando recitar décimas chilenas, me ha llamado la atención el hecho de que se use la entonación para resaltar ese punto culminante, marcando el final del octavo verso con una subida tonal y una inflexión ascendente, seguidas de una brevísima suspensión. Podemos observarlo en el vídeo que reproduce cinco minutos de brindis en décimas en un encuentro de payadores chilenos, al que se accede mediante este enlace:

Buona visione e buon ascolto!

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4 pensamientos en “¡Pa’ dónde vas, Fulano! (u otra lectura de la décima espinela)

    • ¿Vacío? No sé. Acabo de probar y sale como siempre. Eso sí, no he subido nada desde el verano pasado. A ver si me animo. Tengo varias cosas por ahí, pendientes de corregir. Si me decido a hacerlo, subo algún texto.
      ¿Qué opinarías de una reseña acerca de la tetralogía de Elena Ferrante? ¿La escribo?
      Confírmame que puedes acceder al blog. Y tú no dejes el tuyo. Es un placer leerte.

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      • Ahora lo veo. Si trato de entrar desde mi perfil de WordPress, tu blog no se abre, y me sale el aviso de que no hay nada reciente publicado. Si entro desde Google, no hay problema.

        Pues me encantaría que publicaras algo sobre la Ferrante, de quien yo no sé casi nada :-(.
        ¡Venga, que estoy a la espera!

        Besos.

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