Del sentimiento cómico de la vida

Venecia, sábado 24 de octubre de 2015

Mi escritorio tiene forma de ala delta. Un día salió volando disparado, rumbo norte, en busca de quién sabe qué, pero se quedó inevitablemente empotrado en el rincón más septentrional de la casa. Ahí lo dejé y ahí es donde trabajo. No exactamente de cara a la pared, porque sobre los dos catetos del tablero, para entendernos, se abren sendas ventanas que miran hacia jardines, tejados de tejas rojizas, agua, árboles habitados y transitados por gorriones, mirlos y alguna que otra garza; y campanarios (esta ciudad abunda en iglesias). Hoy hace una mañana estupenda. El clima es excepcionalmente seco. Veo la cúpula de piedra de I Gesuati recortarse nítida, sin vapores que difuminen su contorno, contra un cielo que más azul, imposible. A pocos metros de mí, un ciprés desafía con frescura y chulería el tenaz avance del ocre y del óxido. Evoco el olor de la tierra. ¡Mmm! La hiedra del vecino está cada día más vinosa. Y, en este momento, reina la calma.

El otoño se presenta tan tan hermoso, que la deja a una hecha polvo.

Trato de concentrarme en el estudio. Bajo los ojos hacia el Manual de teoría y práctica teatral, del estudioso, docente, dramaturgo y director de teatro José Luis Alonso de Santos. No, el libro no es ningún tocho. Se trata de un texto escrito con extremado rigor teórico, pero que rezuma pasión. Una disposición anímica explícita, a la que el autor llega a dedicar un breve epígrafe («La pasión teatral»). En él se lee: «Por eso creo que la palabra clave que explica el amor de cuantos nos dedicamos al teatro es esa: pasión». Amor y pasión. Qué no moverán.

Trato de concentrarme en el estudio, decía. Hoy toca sumergirse en «La comedia». Recorro las páginas con interés, hasta llegar al apartado que cierra la exposición teórica sobre este género. Su título me sorprende: «Del sentimiento cómico de la vida». La alusión a Unamuno no es un puro juego de palabras. Para don Miguel, nos recuerda Alonso de Santos, la única posibilidad del hombre con sentimiento trágico es «vivir en este continuo conflicto entre la razón y el sentimiento vital» (en otras palabras, vivir en la conciencia de que nuestro deseo siempre va a darse de bruces con la realidad). El sentimiento cómico parte de idéntica angustia, pero encuentra un arma potente para tratar de enfrentarla: la risa. La risa poética: «Hay que descubrir lo poético en lo cómico, la belleza y armonía que, dentro del estilo, le son posibles, huyendo así de lo vulgar, de lo casual y de lo tópico», escribe el autor del Manual. Tragedia y comedia: dos caras de la misma moneda, como suele decirse.

«Del sentimiento cómico de la vida» se abre con una premisa: el teatro de humor requiere una complicidad básica entre todos los sujetos del hecho teatral –autor, director, escenógrafo, actores, público–; complicidad que consiste, precisamente, en tener como un valor positivo el mencionado sentimiento. Seguidamente, Alonso de Santos presenta, a modo de resumen, una lista de «tradiciones y convenciones en el género», que incluye doce puntos. Extraigo algunos de ellos:

[…]

b) Hay que tratar de comunicar que, a pesar de todas las dificultades que existen, la vida merece la pena.

c) No hay que tomarse nuestras pequeñas cosas como si fueran «el centro del mundo» […].

d) Las grandes verdades de la vida no son tan grandes, ni tan verdades. El humor dignifica, en cambio, las pequeñas cosas y los personajes.

e) Cuando caemos ante una dificultad, podemos levantarnos como el payaso del circo, riéndonos de nosotros mismos y haciendo una pirueta.

f) El humor y la risa nos salvan de la tristeza y la melancolía. Y lo que es mucho más importante: de la soledad.

[…]

i) El humor da permiso a los personajes (y al público, al reflejarse en ellos) para no ser héroes, ni santos, ni triunfadores. Descubre el sentido de la proporción entre las cosas, y da a la supervivencia el máximo valor.

j) El humor nos ayuda a salir de la soledad (la carcajada es colectiva). Nos vierte fuera al «divertirnos», y nos ayuda a soportar las cargas negativas de la vida.

[…]

l) Lo cómico es, muchas veces, una venganza a nuestras limitaciones. Tranquiliza el ansia que tenemos de entenderlo y dominarlo todo, y nos ayuda con su escudo a defendernos de la espada que algún día terminará por cortarnos la cabeza.

¿Teoría de la comedia?

Gracias, don José Luis, por haber llegado esta mañana hasta mi escritorio –con el pretexto de hacerme conocer algo sobre un arte apasionado y apasionante– para recordarme todo eso.

Levanto de nuevo la vista hacia las ventanas. Sí, el otoño se presenta hermoso.

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