¿Qué fue primero? ¿La gallina o el huevo? Por las estancias de la Lingüística

Hay relaciones que (a mí me) dan vértigo. Entre ellas, las sintagmáticas y las paradigmáticas. O mejor: las que mantienen sintagma y paradigma (y yo con ambos). No consigo asomarme a uno de estos ejes sin verme catapultada, como por arte de magia, al otro. Me asomé a un paradigma y me encontré a un señor artículo que se puso a contarme su vida. Me dijo que era un determinante porque trabajaba siempre con el núcleo nominal, y que solía acompañarlos el modificador. Se empeñó en presentármelos y, así, nos fuimos para el sintagma. En la puerta de la oficina ponía “Sintagma nominal”. Entramos y… ¡aquello era un paradigma! El grupo me contó que podía desempeñar diferentes cometidos; en ese momento estaba trabajando de sujeto, colaborando con otro grupo, un sintagma verbal que hacía, a su vez, de predicado. Queriendo ver cómo trabajaban juntos me encontré, de golpe, de nuevo, en el sintagma. Me vieron mareada de tanto viaje y algo confusa con tanta gente. Y me dijeron: “No te preocupes. Puedes darnos un nombre único: oración simple”. “¡Qué alivio!”, pensé. Pero no sé qué pasó, porque en cuanto pronuncié el nombre “oración simple”, ¡plas!, me hallé de nuevo en el paradigma. Me asusté y decidí no proseguir hacia nuevos sintagmas, paradigmas, sintagmas… por los siglos de los siglos. Entonces, el señor artículo me invitó a comer, así que nos volvimos a su pequeño y acogedor paradigma. Yo estaba contenta de regresar a un punto firme, sólido, bien delimitado. Y, visto que ya habíamos entrado en confianza, el artículo empezó a abrirse y a hablarme de sí mismo. “Soy una clase de palabras de carácter átono que indica si lo designado por el sustantivo o elemento sustantivado es o no consabido”. ¡Cuál no sería mi sorpresa al ver que encerraba todo un sintagmón! “No hay escape”, me dije. Y, por momentos, me sentí caer en un vórtice vertiginoso. Recuperé como pude mi lucidez. Y, aferrándome a mi instinto de supervivencia, decidí permanecer quieta donde estaba, sin volver a emprender viajes ni hacia fuera ni hacia dentro. Pero, eso sí, me quedé con la sospecha de que los dos ejes perpendiculares, paradigma y sintagma, generan en verdad una única esfera.

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